Colombia, Declaraciones Reformas sociales: No aceptamos menos, exigimos más Publicado por: Editor Central el 24 julio, 2025 Más en Colombia: El cambio no es en el congreso, sino en las calles 4 marzo, 2026 Salario mínimo de tres millones de pesos 16 febrero, 2026 ¿Por qué mueren los mineros? 11 febrero, 2026 El paro nacional de 2021 exigió un cambio radical a favor de los trabajadores y los pobres. Se prometió que, con elecciones, con un gobierno nacional y en el Congreso, se realizaría ese cambio. Han pasado tres años, pero no ha sido así. El cambio no ha llegado y el descontento se mantiene latente, porque la crisis social no solo continúa, sino que se profundiza. Tres estrategias Hay tres estrategias para enfrentar la crisis social de Colombia: la de la burguesía, la del gobierno y la que debe ser del movimiento obrero. Esto, en el contexto internacional de la crisis de la economía mundial y las pugnas Inter imperialistas por la disputa de las fuentes de materias primas y los mercados para realizar la producción excesiva; también en el contexto de la resistencia de trabajadores y pueblos de otros países que en algunos momentos se enardece y en otros se adormece. Con el anuncio de la movilización del 28 y 29 de mayo, se empezó a poner a prueba la estrategia de la burguesía y del gobierno. La estrategia de la burguesía es no ceder nada e ir ganando un poco más a través de los proyectos de reforma que logre presentar el gobierno, recortando su alcance e incluyendo más puntos de contrarreforma en ellos, además de recuperar el gobierno con un candidato de derecha en las próximas elecciones. La estrategia del gobierno es volver a ganar las elecciones mostrando algo de cambio, así sea en apariencia, pero que le sirva para ilusionar con la idea de que con un segundo gobierno sí se puede. También cada tanto agita la consigna de una Constituyente para presionar la concertación con la burguesía, pero luego la abandona. La tercera estrategia, la de los trabajadores, debe ser la de no aceptar menos de lo que ya se había conquistado en la historia, y ganar más para poner a tono el extraordinario aumento de la productividad de las últimas décadas con una menor jornada laboral y un mayor salario, y así abrir espacio para generar más empleo, en la perspectiva de eliminar la plusvalía que tanto les gusta a los capitalistas, pero que odian que se mencione; plusvalía que es la causa principal de la desigualdad y la crisis social, porque es la riqueza que empobrece a los trabajadores y enriquece a los expropiadores. Cuatro años no alcanzaron, ocho tampoco alcanzarán La estrategia electoral de Petro y la izquierda gobiernista es impedir que la derecha gane las elecciones de 2026 para continuar con otro gobierno “progresista”. Pero con el mismo programa de conciliación de clases y la misma política de concertación para que ganen tanto los ricos como los pobres, seguirán ganando los ricos y el cambio tampoco llegará. Entonces se dirá que se necesitan otros cuatro años. Así, el desgaste será inevitable y la derecha aprovechará para recuperar el gobierno y volver a la ofensiva. El asunto no es simplemente evitar que la derecha gane por ahora, lo fundamental es derrotarla definitivamente, desmontando su régimen político autoritario y criminal y destruyendo su sistema corrupto de explotación laboral y acumulación de riqueza; su sistema de explotación capitalista. De lo contrario, entramos en un círculo de alternancia entre la derecha conservadora y la izquierda liberal “progresista”, en donde los ricos siguen avanzando al recortar paulatinamente más derechos y negando más reivindicaciones a la población pobre y trabajadora. ¿Acaso esa no ha sido la historia de Brasil con Lula, la de Bolivia con Evo Morales o la de Argentina con los Kirchner, entre otros casos? ¿Acaso los trabajadores y la población de esos países está mejor que antes? Los gobiernos “alternativos” o “progresistas” con sus programas de conciliación entre ricos y pobres no llevan a ninguna parte. No llevan la historia adelante, sino atrás; nuevamente a jornadas de más de ocho horas diarias, sin seguridad social, ni estabilidad laboral. ¿Acaso lo que ha avanzado en esa alternancia de gobiernos no ha sido la precarización laboral? Ese es un viejo camino que ya recorrió la socialdemocracia cuando dejó de ser revolucionaria y pasó a ser reformista, a comienzos del siglo XX. Desde entonces los conservadores se volvieron ultraconservadores, los liberales conservadores y los socialdemócratas liberales. El programa del Pacto Histórico, el programa del Partido Comunista, el del Moir (transformado en varias facciones, entre ellas el PTC) y el de la guerrilla, es un programa liberal, de reforma del capitalismo, como fue el programa del partido liberal que luego se convirtió en un programa conservador. No es posible lograr el bienestar de la población mundial. Con las actuales relaciones de producción, lo que se genera son crisis económicas y guerras, profundizando aún más la crisis social. No hay otra salida que luchar por cambiar estas relaciones de producción por unas donde la producción y la riqueza sean distribuidas para satisfacer las necesidades de toda la población. Esto no se logra reformando lo irreformable: el sistema capitalista, sino luchando por reemplazarlo. Esa lucha es en las calles, con el paro, con la huelga, con la revolución y con un programa para construir el socialismo que debe ser la estrategia. Pero, ¿cómo trazar ese camino? Es en la calle, no en las urnas Hay un camino que puede ser más corto, aunque intenso, pero efectivo: la movilización independiente frente a los gobiernos y a los patronos; la lucha sostenida y permanente que tras una conquista se escala para lograr otra, hasta obtener victorias estratégicas. Fue con la Revolución Rusa de 1917 que se conquistó la reducción de la jornada laboral a ocho horas y el llamado Estado de Bienestar en el mundo. En cuatro años no será posible el cambio; tampoco en ocho años, porque se gobierna con un programa que no genera conflicto con los organismos internacionales imperialistas como la OCDE y el FMI, que tienen como política enfrentar la crisis para continuar aumentando la ganancia imperialista. Incluso, las “reformas” sociales que presenta el gobierno son recomendadas por la misma OCDE, para evitar que la crisis social termine en otro estallido como el de 2021, sin tener certeza en qué puedan terminar los negocios y la misma propiedad de los capitalistas. La revolución socialista no avisó en el siglo pasado; tampoco avisará en este siglo. Veamos lo que dicen en la Radio Nacional, administrada por el gobierno de Petro: “El Gobierno nacional recibió un importante respaldo internacional en materia laboral. Tras la presentación del Ministerio del Trabajo ante el Comité de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales de la OCDE, este organismo multilateral destacó como un “esfuerzo positivo” que se hayan incorporado numerosas de sus recomendaciones en la reforma laboral impulsada por el gobierno del presidente Gustavo Petro. La intervención, liderada por el delegado del Ministerio del Trabajo, Diego Garzón, permitió mostrar los principales contenidos de la iniciativa que fue archivada en el Congreso. Entre los puntos destacados por la OCDE se encuentran: la formalización del trabajo, la remuneración justa en días de descanso obligatorio, el reconocimiento de las horas extras nocturnas, las garantías a la libertad sindical y la protección de derechos sindicales, así como medidas específicas para prevenir el acoso, la violencia y la discriminación laboral”. [i] La burguesía no cede nada y quiere más Los empresarios, los terratenientes, los ganaderos y los narcotraficantes, se oponen a cualquier cambio, así sea mínimo. No quieren ceder nada, por el contrario, nos quieren quitar más. En el periodo neoliberal se acostumbraron al enriquecimiento conseguido por medio de la expropiación de derechos adquiridos, la sobreexplotación laboral, la expropiación de tierra y el saqueo de los recursos públicos en forma de corrupción abierta y descarada. Todo esto en una escala muy superior a cómo lo venían haciendo antes. Los principales mecanismos para la expropiación incluyeron: el asesinato de varios miles de dirigentes sindicales, la cooptación de la alta burocracia sindical para que concertara los planes neoliberales y entregara las conquistas laborales; el paramilitarismo para expropiar la tierra al campesinado pobre, los territorios a los pueblos indígenas, y para asesinar a los dirigentes sindicales y así evitar conceder mejoras a los trabajadores. Con esa ofensiva lograron imponer contrarreformas laborales y sociales. Ahora no solo no ceden, sino que quieren más; quieren que haya mayor flexibilización laboral y que se aumente la tercerización para que el contrato laboral no sea directo e indefinido, también quieren subsidios para los empresarios. El cambio exige más, no menos El paro nacional de 2021, o estallido social, como también se le conoce por haber sido una protesta que fue más allá, en radicalidad y en tiempo de lo calculado por el Comité Nacional de Paro, expresó una bronca muy profunda frente al gobierno de Duque, quien representaba la continuidad del neoliberalismo de gobiernos anteriores Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. El paro nacional de 2021 exigió parar la ofensiva neoliberal y que se devolviera lo perdido; fue contra el despojo de conquistas sociales a los trabajadores; contra el despojo de tierra y territorios a los pueblos indígenas; contra la represión y asesinato de dirigentes y activistas obreros y líderes sociales, es decir, por desmontar el régimen político autoritario que se apoya en las instituciones represivas legales como las Fuerzas Armadas y en instituciones ilegales como el paramilitarismo; y contra la entrega de la soberanía nacional a través de tratados de libre comercio que firmaron los gobiernos de ese periodo, para facilitar el saqueo de los recursos naturales por parte de las multinacionales imperialistas. Esas reivindicaciones configuran la exigencia del cambio que fue sintetizada en un pliego de 104 puntos. Por lo anterior, los trabajadores debemos organizarnos en forma independiente de los gobiernos y los patronos, para exigir que nuestras organizaciones actúen en ese sentido. Sabemos que muchos trabajadores creen en el gobierno de Petro, pero eso no debe ser obstáculo para exigir nuestras reivindicaciones, como lo vienen haciendo los indígenas del Cric, como lo hicieron los trabajadores del Ministerio del Trabajo con la huelga de 60 días y como lo están haciendo los trabajadores del astillero estatal Cotecmar, ubicado en Cartagena, que se organizaron en sindicato y exigen sus reivindicaciones laborales, como en cualquier empresa privada. El gobierno quiere concertar con los representantes de los empresarios y los terratenientes, pero ellos solo aceptan si se les da más y a los trabajadores nos quitan lo poco conseguido. No hay alternativa si los trabajadores y los pobres no salimos a luchar, nadie nos va a liberar. Necesitamos una lucha que cambie el sistema de producción basado en la explotación del trabajo asalariado; necesitamos una revolución socialista. Pero esta lucha debe ser organizada, férreamente disciplinada y con un programa revolucionario, para lo cual, desde el Partido Socialista de los Trabajadores, nos ponemos a disposición de esa estrategia. [i] (Geraldine Rozo, Radio Nacional: https://www.radionacional.co/actualidad/ocde-respalda-la-reforma-laboral-del-gobierno-petro) Post Views: 737