Editorial ES-759 Crisis capitalista mundial y resistencia de las masas

El hecho más destacado de la coyuntura internacional es el genocidio sionista de Israel sobre Palestina que se mantiene en curso, y a pesar de los cerca de 70.000 palestinos asesinados, Israel no logra derrotar la resistencia y concretar su plan de “solución final al conflicto”, que no es más que el exterminio completo del pueblo palestino y la total colonización de su territorio.

Ante esto, el desespero de Netanyahu y Trump es grande. Han decidido echarle gasolina al incendio. Israel ha bombardeado a Irán bajo una supuesta “legítima defensa” ante la supuesta posesión de armas nucleares de ese país. Pero el gobierno de Irán no se demoró en responder en el mismo terreno, haciendo que los sionistas de Tel Aviv y Haifa sientan el mismo terror que sufren los palestinos cotidianamente al ser bombardeados. La guerra fue escalando con la intervención directa de EE. UU. que bombardeó sorpresivamente instalaciones nucleares en tres ciudades de Irán y posteriormente con el bombardeo de Irán a una base militar estadounidense en Catar. Luego de esto, al parecer los demás gobiernos imperialistas se dieron cuenta de que tienen unos bomberos locos a los que hay que quitarles la manguera y han presionado a Trump para que pare su juego peligroso y él decretó (¡vaya que se cree el gran emperador del mundo!) un “acuerdo” de cese al fuego entre Israel e Irán, que no deja de ser inestable

Estos dementes, que tienen como juguete armas nucleares, pueden generar un invierno nuclear, tal como advertía el científico Carl Sagan. La única forma de frenarlos es con la movilización masiva internacional de los trabajadores y los pueblos, barriendo de paso los regímenes y gobiernos capitalistas que por la plusvalía y la acumulación de capital se hacen matar, haciéndonos matar también a los trabajadores y pueblos de todo el mundo.

La burguesía imperialista mundial se encuentra en una disyuntiva: avanzar en la ofensiva guerrerista para disputarse los mercados que necesitan para realizar su excesiva producción, pero con el riesgo de que las guerras deriven en procesos revolucionarios como sucedió en las dos anteriores guerras mundiales; o hacer pactos entre sí para recomponer la participación de cada uno en la torta del mercado mundial y mantener la situación bajo control para evitar la revolución. Las cartas están jugadas y será tarea de los trabajadores detener la avanzada guerrerista del imperialismo por medio de la movilización y conducir el conflicto hacia un triunfo de la revolución socialista.

Además de lo anterior, en el escenario internacional también se refleja una realidad igualmente turbulenta. Las medidas autoritarias, la agresiva política de aranceles, y en particular la represiva política migratoria impulsada por Trump, han puesto de manifiesto la crisis en la que se encuentra el imperialismo yanqui, que toma medidas desesperadas para profundizar la explotación de los trabajadores, con el fin de mantener las insaciables ganancias de la burguesía gringa. Afortunadamente, las masas responden con fuertes movilizaciones, en particular en Los Ángeles, ciudad considerada “santuario” para los migrantes. En estas manifestaciones, trabajadores y ciudadanos denuncian una política que favorece al capital y la concentración de poder por parte de Trump, evidenciando también un rechazo a la violación sistemática de las libertades democráticas y a las prácticas autoritarias que van más allá de las fronteras estadounidenses, pues han salido a relucir las banderas palestinas en rechazo al genocidio sionista en Gaza.

En Colombia también hay ataques

En Colombia hay necesidad de luchar por una reforma laboral auténtica que no solo permita recuperar derechos históricamente arrebatados a los trabajadores por la burguesía, sino avanzar en nuevas reivindicaciones.

La nueva ley sobre “reforma” laboral aprobada por el Congreso y aplaudida por el Gobierno, pese a que contiene puntos que recuperan parte de lo perdido en las sucesivas contrarreformas de las últimas décadas, como dos horas en el horario nocturno, el pago con el 100% de recargo para domingos y festivos, y el contrato para los aprendices del Sena, es insuficiente. La tercerización laboral que impide la estabilidad laboral, la expedición del Estatuto del Trabajo, la reducción de la jornada laboral acorde con el aumento de la productividad para generar más empleo y el pago de la fuerza de trabajo con el equivalente al costo de la canasta básica siguen siendo reivindicaciones pendientes para continuar la lucha por una reforma laboral real. Pero insistimos: lo que no logremos en las calles no lo conseguiremos en el Congreso.

En Colombia los trabajadores muestran disposición a la lucha por sus derechos laborales, sin embargo, el gobierno es vacilante y utiliza la movilización social a su conveniencia como una moneda de cambio para concertar con la burguesía y la despoja de su carácter revolucionario que se expresó en el paro de 2021.

La movilización popular y la organización de la clase trabajadora demuestran que el cambio se gesta en la acción colectiva. El reto consiste en articular, desde las luchas locales hasta las internacionales, una visión que trascienda los discursos conciliadores y que imponga una verdadera perspectiva revolucionaria capaz de derrotar los planes de la burguesía a nivel global. Ante este escenario es imperativo fortalecer no solo la lucha por una completa reforma laboral en Colombia, también fortalecer la solidaridad internacionalista con los pueblos de Palestina e Irán que sufren ataques del imperialismo norteamericano a través de Israel, y el pueblo ucraniano agredido por el imperialismo ruso que se disputa ese rico territorio con el imperialismo de Occidente.

El factor común que une la situación política, tanto nacional como internacional, es el intento de las masas de resistir los múltiples ataques de la burguesía que en tiempos de crisis tiende a profundizar sus planes de explotación y sus métodos más opresores y represivos.

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