Editorial: No solo es el gabinete, es también el sistema… y el poder

Hay dos hechos de la situación nacional actual que están copando todos los espacios de los medios de comunicación y las redes sociales, aparte de lo que dice y hace Trump desde Estados Unidos: el nuevo gabinete de Petro y el juicio de Uribe.

Cambio de gabinete para insistir en la concertación

El gobierno de Petro ha ido cambiado su gabinete para intentar ajustar la política de concertación de sus proyectos de reformas y el cambio que prometió, de acuerdo con las exigencias de la burguesía en cada momento, que tras bambalinas se expresa a través de sus representantes en el gabinete y chocan con la parte del gabinete que refleja la presión de los trabajadores y sectores populares, lo que genera las confrontaciones internas, como sucedió el 4 de febrero en el Consejo de Ministros entre los dos bloques: el que encabeza Benedetti y Sarabia contra el que encabeza Francia Márquez y Susana Muhamad.

Con el reciente tercer gabinete, Petro le ha aumentado la cuota de poder a los partidos que representan a la burguesía, reduciendo la de los partidos y movimientos que hacen parte del bloque del Pacto Histórico. En ese sentido, se puede decir que es un gabinete más de derecha.

No es posible gobernar tanto para los ricos como para los pobres

Ya hemos dicho que el problema de fondo del gobierno de Petro es su programa de concertación de intereses que son irreconciliables. Petro prometió que gobernaría igualmente tanto para los ricos como para los pobres; es decir, para los empresarios y los trabajadores, los terratenientes y los campesinos pobres y comunidades indígenas.

Pero no se puede gobernar para unos y para otros cuando los intereses son opuestos e irreconciliables. Los empresarios quieren más ganancia y los trabajadores mejores salarios, pero la fuente de riqueza es una sola: la plusvalía que producimos los trabajadores; no se puede gobernar al mismo tiempo para los terratenientes, ganaderos y narcotraficantes y al mismo tiempo para los campesinos y pueblos indígenas, cuando la reivindicación tiene la misma fuente: la tierra y los territorios. En el caso de la salud, no se puede asegurar un sistema de salud pública para todos, y al mismo tiempo salvaguardar los intereses de los empresarios de las EPS y clínicas privadas que la ven como un negocio. Las crisis recurrentes del gobierno tienen que ver con esta política de conciliación, por lo tanto, habrá más episodios similares hasta el final.

Lo mismo de siempre

El otro problema del gobierno es que decidió gobernar con la misma maquinaria de siempre y utilizando la misma moneda (la “mermelada”) de los gobiernos anteriores. Tiene ministros que representan ese pasado reciente como Benedetti y Sarabia, famosos por tener capacidad de corrupción, tanta como la que han tenido los ministros de los gobiernos liberales, conservadores y uribistas; comerciantes que compran votos en el congreso por puestos y concesiones para los negocios de los sectores que representan esos congresistas, por uno que otro artículo que adorne una u otra ley.

En otro escenario, está el fracaso de la paz total, producto del intento de conciliar intereses de grupos armados narcotraficantes con las reivindicaciones de la población campesina e indígena, que ha marcado un viraje autoritario en su política de paz al volver a la doctrina de los gobiernos anteriores: la militarización y la guerra, y en medio de eso la corrupción de militares que terminan siendo empleados de los empresarios del narcotráfico.

No importa que ahora Petro haya nombrado un militar “bonachón” como ministro de defensa, el precedente de un ministro militar es parte de su intento por lavarle la cara a las fuerzas armadas, envueltas en corrupción y crímenes contra la población; y al régimen, al tiempo que intenta copar el espacio político del uribismo con el tema de la seguridad. La política de la legalización de la droga, con campañas contra el consumo de sustancias nocivas para la salud, quedó atrás, solo alcanzó para la campaña electoral y para discursos en la ONU sin ningún efecto real.

Petro está gobernando con lo mismo de antes: la misma maquinaria, la misma “mermelada” y el mismo régimen político autoritario y criminal. Tres cosas que impiden cualquier cambio. Intenta hacerlo con otro estilo, y en sus recientes declaraciones al diario El País, incluso se lamenta de sentirse atrapado administrando el capitalismo, y afirma que se necesita una revolución; lamentablemente nada de sus acciones como mandatario va en consonancia con ese propósito.

¿Para dónde va Uribe?

El poder de la burguesía terrateniente y narcotraficante es evidente en el juicio que ya lleva años contra Uribe, por compra de testigos y por obstaculizar la justicia para tapar delitos mucho más graves que por el que es juzgado; muchos de sus sabidos crímenes son considerados como de lesa humanidad: masacres, falsos positivos (ejecuciones extrajudiciales), desplazamiento forzado para expropiar la tierra, conformación del paramilitarismo y utilización de sicarios para asesinar dirigentes sindicales y líderes sociales u opositores políticos, deforestación y destrucción de la naturaleza para ganadería y minería, etc.

¿Uribe va para la cárcel? Es improbable que sea condenado, y si lo es, es aún más improbable que pague un día de cárcel. Algo así sólo sucedería si hay una movilización enorme y se impone el castigo que merece. La justicia no existe fuera del poder político y Uribe no es solo un político aislado, es un representante de la burguesía terrateniente, ganadera y narcotraficante que en Colombia es tan poderosa como la burguesía industrial representada por Juan Manuel Santos.

La justicia burguesa que tarda años en condenar un delito del que todos sabemos es culpable a un expresidente, o que libera a Andrés Escobar quien disparó contra la población desarmada en el paro nacional, o que diariamente libera feminicidas; es rápida para imponer a personas como Daneidy Barrera (Epa Colombia) una condena absolutamente desproporcionada en relación con sus acciones, que correspondieron a daño en bienes ajenos, y se le inventaron cargos hasta de instigación al terrorismo. Esta condena, que ha sido rechazada por las masas, no es más que un intento tanto de escarmentar a los luchadores sociales, como de ridiculizar la lucha social y la acción directa, mostrándola como algo de influencers sin motivo. Igualmente, todos los días hay juzgados que fallan contra los trabajadores que demandan a empresas por despidos injustos, etc. Esto es el régimen político actuando.

¿Cuál es el camino?

“Esta vez no se pudo, pero si se ganan las próximas elecciones y se obtiene mayoría en el congreso, el cambio se podrá hacer”. Es lo que dicen quienes pretenden justificar el fracaso de un gobierno que prometió gobernar para ricos y pobres, mientras tanto la extrema derecha aprovechará para hacer propaganda contra la izquierda y justificar el retorno al pasado conservador, autoritario y criminal. Puede ser el espejo que hay en Estados Unidos, Argentina y El Salvador. Es el camino que ya se ha recorrido en países como Brasil con Lula y Bolsonaro, el de la alternancia entre derecha y un progresismo liberal burgués sin progreso.

Si nos quedamos en el campo de la democracia burguesa: el de las elecciones y el parlamentarismo, no hay salida más allá de esa alternancia. Pero la historia está llena de caminos que han llegado hasta expropiar a los expropiadores y repartir la riqueza, así se haya retrocedido por no avanzar globalmente. La revolución socialista, que empieza con la movilización en la calle, los paros nacionales y las huelgas generales, sigue siendo el camino que ha llevado más lejos a la humanidad hacia la liberación del sistema de opresión y explotación capitalista.

En conclusión: el problema no es que únicamente el gabinete de Petro impide que logremos el cambio, si bien una primera y urgente exigencia es la salida de los funcionarios burgueses y corruptos; ni la lentitud de la justicia la que impide que Uribe esté en la cárcel, es el sistema. Podemos intentar buscar un cambio sin cambiar nada, o hacer una revolución socialista. Los conservadores y liberales dirán que es una exageración de insurgentes, y los reformistas que no hay condiciones. Es lo que siempre han dicho.

En lo inmediato, las direcciones de las centrales obreras deberían convocar un encuentro nacional para votar un paro nacional que frene la ofensiva de los empresarios para precarizar aún más el trabajo y contra el detrimento del nivel de vida de la población, así como contra el recrudecimiento de la violencia política, exigiendo la condena y cárcel de Uribe. La burguesía asentada en el Congreso no quiso ceder ni migajas, no le demos más tregua.

Comité Ejecutivo PST

28 de marzo de 2025

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