Campaña electoral, Colombia, Declaraciones, Elecciones Burguesas No a la injerencia imperialista en Colombia Publicado por: Editor Central el 22 mayo, 2026 Más en Campaña electoral: Por empleo y estabilidad laboral, derrotar el régimen uribista y romper con el imperialismo 19 mayo, 2026 Aida Quilcué: lucha y resistencia; Paloma Valencia: latifundismo y despojo 14 mayo, 2026 Las revoluciones de Iván Cepeda: Las migajas del Acuerdo Nacional 11 mayo, 2026 Por Ezra Bridger En enero de 2026, mientras Colombia comenzaba a calentar motores electorales, Trump intervino militarmente en Venezuela, secuestró a su presidente y comenzó a acusar -sin pruebas- de “narcotraficante” a Petro. Eso es imperialismo en su forma más desnuda, y tiene todo que ver con lo que ocurrirá el 31 de mayo. El imperialismo no es agresividad o mal carácter de un presidente, es la fase del capitalismo en la que los países más poderosos dominan a otros para garantizar el acceso a sus recursos naturales y mercados. Por eso lo que hace Estados Unidos en América Latina tiene una lógica: no le importa la democracia, le importa el petróleo venezolano, el carbón colombiano, el litio boliviano, etc. Le interesa que ningún gobierno de la región se atreva a cuestionar su poder hegemónico. Trump dispara en todas direcciones En medio del genocidio en Gaza y semanas después de la intervención contra Venezuela, Trump declaró un bloqueo naval a Irán, sosteniendo en paralelo una guerra junto a Israel. En Honduras, amenazaron con cortar las remesas a millones de familias si el resultado electoral no favorecía al candidato de su agrado. En Argentina, condicionaron un paquete de ayuda económica de 20.000 millones de dólares a la victoria electoral de Javier Milei. No son casualidades. Es la actualización de la doctrina Monroe: América Latina como patio trasero del Imperio, donde él decide quién gobierna y quién no. En este contexto, creer que Colombia está a salvo de esa mano es una ingenuidad que los trabajadores colombianos no podemos permitir. La burguesía criolla y su complicidad con el imperialismo La burguesía colombiana —los grandes empresarios, los terratenientes, las familias que controlan los medios de comunicación, los políticos que defienden sus intereses— no solo no rechaza la injerencia norteamericana: la aplaude, la estimula y la utiliza como herramienta electoral. El uribismo representado por Paloma Valencia, ha actuado exactamente así. Mientras Trump insultaba a Petro y amenazaba al país, la ultraderecha colombiana fue a los medios a impulsar esa retórica, a legitimar la posibilidad de una intervención, a usar las acusaciones como munición en la campaña. No están defendiendo a Colombia. Están defendiendo sus propios intereses de clase, que son los mismos que los de las corporaciones norteamericanas: bajos impuestos para el capital, mano de obra barata sin derechos y recursos naturales entregados a precio de regalo. Es la candidata de un partido construido al amparo del paramilitarismo y el capital extractivo. Lo mismo para Abelardo de la Espriella, quien se autodenomina el Milei colombiano, en otras palabras, ser un presidente arrodillado a Trump y Netanyahu. También adoptó el programa económico de Daniel Raisbeck, un político sionista colombiano, quien reivindica un modelo libertario, el cual es una fachada para el autoritarismo que tanto anhelan los sectores más conservadores del Partido Republicano. El llamado “centro” no se salva. Este ha funcionado para lavarle la cara a la burguesía, ya que se presenta como una alternativa supuestamente independiente cuando en realidad está cerca de la derecha. Veamos el caso de Daniel Oviedo y su ubicación como fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia. En el fondo, el centro y la derecha comparten el mismo suelo: el de la economía al servicio de la hegemonía de la burguesía nacional e imperialista. La candidatura de Cepeda ante un momento histórico Cepeda ha denunciado públicamente la injerencia de Trump, ha dicho que Colombia no es colonia ni protectorado, y ha advertido que el imperialismo norteamericano tiene un proyecto regional para frenar al progresismo. Todo eso está relativamente bien. Pero la exigencia que le hacemos desde el proletariado y los sectores populares, va más allá de las declaraciones. Cepeda debe ser completamente independiente de Washington. Y eso implica algo concreto: no negociar en silencio, no aceptar “compromisos” con el capital financiero internacional a cambio de que Trump “afloje”, no repetir el error que cometen los gobiernos progresistas de hacer reformas tibias para no “provocar” al Imperio. La historia demuestra que el imperialismo no premia la moderación: la utiliza como tiempo para reorganizarse y atacar después con más fuerza. Un candidato de izquierda que llega al gobierno con el voto del pueblo trabajador, de los campesinos, de las comunidades indígenas y afrodescendientes, de los jóvenes que salieron a las calles en el paro de 2021, tiene una deuda con ellos que exige políticas concretas: reforma agraria real para enfrentar al narcotráfico, soberanía energética, control popular sobre los recursos naturales, el no pago de la deuda externa, romper con la OTAN, expulsar los militares gringos de territorio colombiano y el mar Caribe, y en general una política antiimperialista. Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial es una voz valiosa: las comunidades indígenas han sido las más brutalmente golpeadas por el modelo extractivista. Esta voz importa, pero lo determinante es la política concreta del gobierno. Las manos imperialistas amenazan las elecciones La injerencia de Trump en las elecciones colombianas no se combate solo con discursos patrióticos. Se combate con organización popular desde abajo, con sindicatos fuertes, con movimientos campesinos que no dependan de la buena voluntad de ningún candidato, con una izquierda verdaderamente revolucionaria y antiimperialista que no confunda ganar elecciones con transformar el poder. El pueblo colombiano tiene el derecho a decidir su propio futuro. Las manos del imperialismo no votan el 31 de mayo, pero intentarán contar los votos a su favor. La única respuesta es un pueblo organizado y movilizado, que le haga saber a su candidato que no hay reforma posible si no se tiene la valentía de decirle que no al poder más grande del mundo cuando viene a pisotear los derechos. Post Views: 12