Campaña electoral, Colombia, Declaraciones Las revoluciones de Iván Cepeda: Las migajas del Acuerdo Nacional Publicado por: Editor Central el 11 mayo, 2026 Más en Campaña electoral: Voto crítico por Iván Cepeda. Contra el uribismo y la derecha 24 abril, 2026 El cambio no es en el congreso, sino en las calles 4 marzo, 2026 Los programas de los candidatos y el programa que proponemos 11 febrero, 2026 El candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro, no solo ha sido un consecuente luchador por los derechos humanos y las víctimas del conflicto armado en Colombia, sino que ha acompañado las luchas sociales desde su curul en el Senado de la República. Hoy, tiene las mayores posibilidades de ocupar la Presidencia de la República como continuidad del progresismo de Gustavo Petro, que llegó al gobierno como resultado del Estallido Social. Por: Por Antonio Romero En la campaña presidencial de Gustavo Petro, impulsada por las propuestas surgidas en las movilizaciones de 2019 a 2021, advertimos que el programa presentado por Petro convertía el pliego de luchas en unas reformas recortadas y que en algunos casos significaban retrocesos en las conquistas sociales (como el caso de la reforma pensional), por ello manifestamos que debíamos ir ‘más allá’ de sus propuestas. En el caso de Cepeda, se afirma este programa político y por ello es necesario volver a advertir la urgencia de concretar el pliego del Estallido Social y la necesidad de la movilización, pues estas tareas no están en el programa de Cepeda y su propuesta sigue siendo concertar las reformas con los explotadores, los opresores y los victimarios. Las ‘revoluciones’ de Cepeda Cepeda ha presentado sus propuestas en dos documentos, el primero de ellos salió el año pasado y se denomina: Las tres revoluciones para una Colombia potencia de la vida. El segundo, es una ampliación llamada: El poder de la verdad, programa de gobierno de Iván Cepeda. En estos documentos, Cepeda propone tres revoluciones: la revolución ética, la revolución económica y social, y la revolución política y democrática. En resumen, la primera revolución es la lucha contra la corrupción, los derechos de las víctimas del conflicto armado y el cumplimiento de los acuerdos de paz. La segunda tiene que ver con el papel del Estado en la superación de la pobreza, la necesidad de reformas sociales y la reforma agraria. La tercera, es la revolución política y democrática que en síntesis es el camino para llegar a las dos primeras, que es el llamado Acuerdo Nacional. Pero las ‘revoluciones’ de Cepeda nada tienen que ver con la transformación radical de un régimen político a través de la movilización de las masas, la revolución de Cepeda se plantea como pacífica y participativa, es decir, que las reformas sociales deben ser concertadas con los gremios empresariales, con las cúpulas militares, con los partidos tradicionales y con quienes han actuado contra la clase trabajadora, los campesinos, las comunidades afro e indígenas, las mujeres, la población diversa y las masas empobrecidas. Y en esa concertación, la movilización es instrumentalizada por el gobierno progresista para presionar las reformas concertadas y recortadas. El Acuerdo Nacional Durante el Gobierno de Petro, hemos podido ver las inmensas limitaciones de la política de concertación de las reformas sociales y todas sus implicaciones, entre ellas, la puerta que se le abre a la corrupción dentro del mismo Pacto Histórico cuando sus líderes hacen toda clase de acuerdos, vendiendo al mejor postor contratos y hasta curules. Pero en las huestes progresistas no solo insisten en la concertación como un camino a lograr las reformas, sino que no hay claridad de cómo es ese camino que han llamado Acuerdo Nacional y se han planteado al menos tres visiones de lo que sería este proceso de concertación de las reformas sociales. La primera, que ha expresado el liberal Juan Fernando Cristo y el verde Ariel Ávila, dice que el Acuerdo Nacional se expresará en el Congreso de la República, donde hacen mayoría los partidos de la oposición. La segunda, sustentada en particular por sus liderazgos sociales, aspira a espacios de concertación directos, a mesas de diálogo entre los gremios y las organizaciones sociales. Una tercera visión, de los sectores más a la izquierda del Pacto Histórico, cree que el camino es una Asamblea Constituyente. El mismo Iván Cepeda ha manifestado dos versiones, una abstracta que dice que el Acuerdo no es una mesa, que es “una pedagogía social de la paz: asambleas en barrios y poblaciones rurales, conversaciones en escuelas y universidades, encuentros entre sectores que nunca se hablan entre sí”, pero también ha dicho que “una vez elegido como nuevo presidente de la república, convocaré a todas las fuerzas políticas, sociales y económicas, comenzando por las organizaciones sociales y populares, a que conformemos la Mesa del Diálogo Nacional”. Una mirada a la concertación La política de concertación, defendida por el progresismo y por las burocracias sindicales, parte de una concepción del Estado como una especie de regulador social, de árbitro que imparte justicia. Es una concepción liberal que entiende al Estado como resultado de un pacto social. Pero la realidad nos muestra que el Estado no es un juez imparcial, que las instituciones del Estado – fuerzas armadas, cortes y juzgados, legisladores y administradores – están al servicio de la burguesía, de los terratenientes y de los gremios empresariales, que no es un ‘árbitro’, sino que es juez y parte. Por eso, las mínimas reformas o las grandes transformaciones sociales se han logrado en la lucha social, obligando a explotadores y opresores a que cedan o retrocedan en sus intereses que por definición van en contra de la clase trabajadora y los sectores populares. Entonces, debemos tener claridad de que la pobreza no es como plantea el Pacto Histórico, el resultado del abandono del Estado, sino a la actuación consciente de la burguesía y los gremios empresariales para aumentar sus ganancias, por ello no hay posibilidad de combatir la pobreza sin combatir contra sus intereses. Hemos visto en estos cuatro años de Petro, que la burguesía no está dispuesta a ceder ni un ápice, que las reformas que han pasado es porque le convienen a la burguesía (reforma pensional), o porque la clase trabajadora ha salido a las calles a defenderla (como el caso de la mini-reforma laboral que devolvió las horas extras y los recargos). Debemos acompañar puntualmente a Cepeda a las urnas con un voto crítico, pero no podemos permitir que se siga instrumentalizando la movilización de la clase trabajadora y los sectores populares, debemos tener un programa independiente, volver al pliego del Estallido Social y a la lucha en las calles, porque si dejamos el destino de las reformas al Acuerdo Nacional, los explotadores, los opresores y los victimarios seguirán con sus ganancias millonarias y solo tendremos las migajas que caigan de las mesas de diálogo. Post Views: 46