Campaña electoral Los programas de los candidatos y el programa que proponemos Publicado por: Administrador el 11 febrero, 2026 Más en Campaña electoral: Las revoluciones de Iván Cepeda: Las migajas del Acuerdo Nacional 11 mayo, 2026 Voto crítico por Iván Cepeda. Contra el uribismo y la derecha 24 abril, 2026 El cambio no es en el congreso, sino en las calles 4 marzo, 2026 En las elecciones se vota no tanto porque se haya leído el programa de los candidatos; generalmente es por el eslogan de la campaña o por clientelismo. Pero el programa es muy importante porque, más allá de cómo se presente, expresa los intereses de una clase social o un sector de clase. Los programas de la burguesía: carne para los ricos, hueso para los pobres El eslogan de los programas de la burguesía (tanto la derecha tradicional, como la moderada denominada eufemísticamente “centro”), se puede interpretar como carne para los ricos, hueso para los pobres. Esos programas prometen enfrentar los problemas sociales más graves, pero con medidas que se reducen simplemente a mitigar los efectos, no atacan las causas. Lo más relevante de los programas de la burguesía es: Seguridad. Siendo esta una de las necesidades más urgentes de la mayoría de la población, por lo tanto, lo que da muchos votos, es la principal consigna de los candidatos de derecha. Prometen seguridad al estilo de Uribe cuando ascendió a la presidencia. Una seguridad represiva que dejó 6.402 jóvenes asesinados extrajudicialmente por parte del ejército, muchas masacres y represión. Pero esa no es la seguridad que necesitamos. Los candidatos de derecha en la actual campaña electoral prometen más cárceles, represión y métodos fascistas, al peor estilo de Bukele, el actual dictador de El Salvador. No atacan la principal causa: el desempleo, que es lo que origina la inseguridad en las calles por parte de un sector de la clase trabajadora, el desempleado, pauperizado y lumpenizado, que expropia violentamente parte del salario de los trabajadores mediante el atraco y el asesinato, bien sea por un celular, una bicicleta o unos pesos. Defensa de la propiedad privada. Proponen, para los ricos, incentivar más el negocio de la vivienda al servicio de la ganancia de las constructoras y los bancos, fortalecer el negocio de la salud y los fondos privados de pensiones con subsidios para los empresarios; para los pobres, proponen incentivar los emprendimientos, que no es más que el rebusque que enmascara el desempleo. Esos programas no atacan la causa, que es la propiedad privada de los medios de producción, que impide la distribución equitativa de la riqueza, sino que la fortalecen. Reducción del gasto público. Prometen reducir el gasto social, es decir, los subsidios directos para salud, educación y servicios públicos. Esto es para que los ricos puedan saquear más el erario público a través de la contratación y los subsidios para los empresarios; para que no se gaste en lo social, sino en lo privado, en los negocios de los ricos. Inversión extranjera, con amplias garantías para el saqueo de los recursos naturales y la explotación laboral por parte de las transnacionales imperialistas. Además, presentan la inversión extranjera como garantía que produce “orgullo nacional”. Lucha contra la corrupción. Así como en las pasadas elecciones, el corrupto Rodolfo Hernández, tenía como nombre de su movimiento la Liga de Gobernantes Anticorrupción, todos los candidatos de la derecha se presentan como luchadores contra ese flagelo, cuando, precisamente, su esencia, como candidatos de la derecha, es la corrupción. Todos los candidatos de la burguesía son enemigos de los intereses de los trabajadores, sus programas están al servicio de aumentar sus ganancias, aumentar la explotación de los trabajadores y entregar las riquezas naturales y la soberanía nacional al imperialismo, por eso los trabajadores no debemos votar por ellos. El capitalismo hoy atraviesa una grave crisis, producto de que en diferentes ramas de la producción las ganancias se han vuelto exorbitantes, eso implica que las inversiones buscan esas altas tasas de ganancia y dejan algunos sectores económicos, que aunque son rentables, sus niveles no les satisfacen. Los capitalistas, para obtener las ganancias, tienen solo un camino: reventar a los trabajadores y desconocer las conquistas que tenemos los explotados. Por eso, empresas como Coca Cola, tienen a la mayoría de sus trabajadores tercerizados. El programa de Iván Cepeda El programa de gobierno de Iván Cepeda se denomina Tres revoluciones para una Colombia potencia mundial de la vida. Esas tres “revoluciones” son: revolución ética, revolución económica y social y revolución política y democrática. Es un programa lleno de buenas intenciones, como el de Petro. Busca reformar el sistema capitalista, conciliando y concertando con el sector de la burguesía industrial y el sector de la burguesía terrateniente, ganadera y narcotraficante, para convencer a los capitalistas que, para los pobres, dejen algo de riqueza de la que se apropian; al estilo del filántropo británico Robert Owen del siglo XIX, que intentó, con el ejemplo utópico de sociedad comunal perfecta, convencer a los capitalistas que no fueran tan explotadores, es decir, tan capitalistas, pero fracasó. En el mismo sentido, Cepeda propone “un Pacto Nacional que incluya a todos los sectores de la sociedad, y que tenga como prioridad a los más pobres, a los históricamente excluidos”. Con esa concepción propone una revolución ética, una revolución de conciencia. Más allá de las buenas intenciones, la burguesía solo aceptará un pacto que tenga como prioridad sus ganancias para seguir acumulando capital. En el capitalismo, quiérase o no, el gobierno que se elige es para administrar los negocios de los capitalistas. Por eso, si Cepeda es elegido presidente, tendrá todas las presiones posibles para que, por un lado, la economía nacional (que es la economía de los capitalistas) marche bien; por el otro, las expectativas de que la economía de los pobres (el salario y el rebusque) mejore. En el mejor de los casos se podrá recuperar algo de lo que los gobiernos de derecha nos quitaron, tal como ha sucedido con el gobierno de Petro. Pero en la medida en que el sistema capitalista se degrada, todos los problemas sociales y estructurales empeorarán. Los principales puntos del programa de Cepeda son: Reforma agraria y “revolución” rural. Cepeda promete entregar tierra al campesinado, combatir el narcotráfico y la minería ilegal. Incluye construcción de vías terciarias, acceso universal al agua potable, con gestión pública y comunitaria, rechazando privatizaciones excesivas, producción agropecuaria sostenible y fuentes de energía renovables. Lucha contra la corrupción y austeridad. Cómo parte de la revolución ética, Cepeda se compromete a realizar reformas de transparencia en la contratación pública, con sanciones ejemplares a los corruptos, reducción de salarios del presidente y ministros, eliminación de privilegios excesivos, como lujos y viajes no esenciales y supervisión estricta de las compras del Estado, y que todo lo que se ahorre se destine a programas sociales. Pero, como el mismo Cepeda lo reconoce: la corrupción es el sistema. Aclaramos que no es simplemente el sistema (como mecanismo de la contratación), como él lo comprende, sino el sistema capitalista. Por eso, para acabar con la corrupción, hay que acabar con el capitalismo. Mientras no haya control de la producción y la distribución, por parte de los trabajadores, y mientras exista la propiedad privada y con ello la producción y prestación de servicios bajo el control del sector privado, existirán los contratos, y con ellos la inevitable corrupción como mecanismo para asignarlos. Equidad social y economía sostenible. Impulsará un modelo productivo con industrialización, innovación tecnológica y fortalecimiento del campo; una reforma tributaria progresiva (más impuestos para los grandes capitales, menos para la clase trabajadora) y justicia social. Esto está bien, pero no se logrará concertando, sino con la presión de la movilización masiva de la población. Protección ambiental. Consolidación de la transición energética, fomento de ecosistemas contra la deforestación y minería ilegal. Es un paso importante, pero sin estatización de las minas y fuentes de energía quedará solo en una buena intención. El problema es que las tres “revoluciones” del programa de Iván Cepeda no se lograrán con la conciliación y la concertación, con un pacto nacional de toda la sociedad. Puede sonar bien, pero las revoluciones se hacen mediante el derribamiento de lo viejo, caduco y reaccionario, por la vía de la fuerza de la movilización revolucionaria de las masas de trabajadores y oprimidos; las revoluciones no se acuerdan ni se pactan. La concepción del programa de Iván Cepeda desconoce la lucha de clases; su concepción es de colaboración de clases. De ahí la política de concertación y pacto nacional. No se trata de que nos guste o no la lucha de clases. El asunto es que existe y configura una guerra social por intereses irreconciliables. Los capitalistas defienden la ganancia, los trabajadores defendemos el trabajo y el salario; lo que es bueno para unos es malo para otros. El programa que proponemos Trabajo, tierra y servicios públicos Trabajo, tierra y servicios públicos, son las tres necesidades inmediatas que la población requiere resolver; además, las tres necesidades que permiten enfrentar la crisis social y sus consecuencias como la inseguridad y la miseria. ¿Reforma o revolución? El contenido de las “revoluciones” de Cepeda es reformista. Pero reformar el sistema capitalista es imposible y utópico; lo que se necesita es derribarlo y construir uno nuevo, que de acuerdo con las leyes de la historia no es otro que el socialismo, así se afirme en forma mentirosa que ese sistema ya fracasó, que tal o cual país es socialista, o que China es comunista, cuando hay capitalistas chinos que se apropian de la plusvalía que producen los trabajadores. El socialismo no ha fracasado porque hasta ahora no ha existido, solo se alcanzó a llegar hasta la transición del capitalismo al socialismo, eliminando la propiedad privada de los medios de producción y la ganancia capitalista en unos pocos países. El socialismo, así como el capitalismo, será un sistema de producción mundial, o no será. No estamos contra las reformas; estamos es contra el reformismo, cuando las reformas se asumen como el fin. Cuando las reformas se conciben como un medio para avanzar en la movilización de masas hacia el cambio del sistema mediante la revolución social, las reivindicamos e impulsamos. La concepción del programa de Iván Cepeda, de revolución pácifica que se propone, cuando dice que la revolución “no es con la fuerza, es con la inteligencia y la imaginación del pueblo colombiano”, es utópica, porque no hay revolución pacífica posible. Trabajo para todos. Si todos los trabajadores tienen empleo, no habrá miseria, ni inseguridad. Pero eso solo se puede garantizar repartiendo el trabajo entre toda la población económicamente activa, y para ello es preciso reducir la jornada laboral en forma proporcional a como ha aumentado la productividad; para empezar, con una jornada semanal que no sea superior a las 36 horas. Tierra para quien la trabaja. El programa de Cepeda concibe una reforma agraria que consiste en redistribuir las tierras fértiles, restituir las tierras despojadas y recuperar los activos productivos. Sería una “revolución” pacífica que no enfrentará enemigos. Pero la poderosa burguesía terrateniente, ganadera y narcotraficante no aceptará en forma pacífica que le expropien lo que ha expropiado en forma violenta. Lo que ha hecho Petro es comprarles la tierra que se robaron. Solo una revolución social, que será tan violenta como lo sea la resistencia de la burguesía, garantizará una verdadera reforma agraria que tenga como criterios: tierra para quien la trabaja, entregando solo la cantidad que cada campesino pueda trabajar; cooperativas para organizar al campesinado que la cultive colectivamente, y con empresas estatales que produzcan industrialmente. Son esas tres opciones con las que el campesinado puede producir y tener un nivel de vida de calidad. Al mismo tiempo, a las comunidades indígenas hay que garantizarles su reivindicación: los territorios. Servicios públicos para satisfacer necesidades. Los servicios públicos domiciliarios, la salud, la vivienda y la educación se deben garantizar para todos. Pero eso no es posible si son de carácter privado y tienen como función la ganancia y no la necesidad de la población; eso significa que hay que estatizarlos. Hay muchos otros puntos programáticos importantes, pero hacemos referencia solo a dos más. Derrocar el régimen político autoritario. Hay que conquistar libertades democráticas, suprimiendo el paramilitarismo, institución ilegal utilizada para expropiar al campesinado de su tierra y asesinar a dirigentes sindicales, por parte de la burguesía agraria e industrial, para que los trabajadores no se sindicalicen y luchen colectiva y organizadamente. Coincidimos, en el programa de Cepeda, con la consigna del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado que él ha liderado: Verdad, Justicia, reparación Integral y garantías de no repetición. Eso incluye que los responsables paguen con cárcel de verdad, empezando por uno de los principales jefes de los victimarios: Álvaro Uribe, a quien ya el mismo Iván Cepeda logró que lo condenaran a la cárcel, pero el régimen político lo ha liberado. No concordamos en que eso incluya reconciliación entre victimarios y víctimas, ni paz entre explotadores y explotados, como lo formula en su programa. Por la segunda independencia. Necesitamos una segunda independencia para acabar con la dominación imperialista que ha sostenido la burguesía lacaya, aceptando tratados políticos, económicos y militares desfavorables para la soberanía e independencia nacional. En el terreno del narcotráfico, Cepeda dice que hay que superar definitivamente el modelo prohibicionista de la mal llamada «guerra contra las drogas» y establecer un enfoque de salud pública; eso está bien, pero hay que implementarlo decididamente, con una política de legalización que elimine la alta rentabilidad de ese negocio y el pretexto para la intervención imperialista. ¿Por qué voto crítico por Cepeda? La táctica que el Partido Socialista de los Trabajadores ha venido impulsando, desde las elecciones en que salió elegido Gustavo Petro a la presidencia, ha sido el voto crítico. Es una táctica donde se vota a favor de una determinada candidatura para acompañar a un sector amplio de la clase trabajadora que tiene expectativas e ilusiones en ella, pero al mismo tiempo criticando el programa, por ser reformista y de conciliación de clases con una política de concertación. Está táctica se sustenta en que el capitalismo no se puede reformar porque ya no tiene espacio para crecimiento de las fuerzas productivas; solo crece una de ellas: la tecnología, pero destruyendo las otras dos: la naturaleza y la humanidad. Es decir, que lo que crecen son las fuerzas destructivas. También se sustenta en que hay problemas que no se pueden resolver concertando con los enemigos de clase (los capitalistas), ni se pueden resolver en las instituciones del Estado que esa clase social controla. Los capitalistas no están dispuestos a negociar la existencia de la propiedad privada de los medios de producción ni a concertar la ganancia que esa propiedad les permite. No es posible concertar para que los capitalistas acepten que se reduzca su ganancia para mejorar los salarios de los trabajadores, como ha sucedido con el aumento del salario mínimo de 2026 que no lo aceptan y ahora lo buscan derogar. Si eso es con el salario, mucho menos van a aceptar que los impuestos sean utilizados para garantizar servicios públicos, salud, educación, vivienda y transporte subsidiados por el Estado, lo que no significa que sean otorgados gratis, sino financiados con la riqueza que producimos los trabajadores transformando la naturaleza, que es la única riqueza que existe, y no son los empresarios, ni los terratenientes los que la producen. La burguesía se opone a concertar la riqueza que obtienen en forma de ganancia empresarial o mediante la apropiación del presupuesto nacional a través de distintos mecanismos de corrupción como los contratos de obras públicas y servicios, o directamente robando. El aspecto crítico del voto que impulsa el Partido Socialista de los Trabajadores es para combatir las ilusiones de los trabajadores que son convencidos por los reformistas, de que proponiendo proyectos de ley en el Congreso se pueden resolver los problemas de la sociedad. Es una ilusión pensar que solo teniendo mayoría en el congreso se garantiza aprobar leyes a favor de los trabajadores y la población pobre. En el Congreso se compran y se venden los votos y los empresarios tienen con que comprarlos. Además, es la Constitución Política está diseñada para defender la propiedad privada de los medios de producción, para legalizar la apropiación de la riqueza por quienes no la producen. La constitución política y las leyes no son producto de un ordenamiento jurídico “justo”; son producto de la política, de la fuerza que tenga una clase social para imponer leyes. Por eso insistimos en que lo que no se logre en la lucha, en las calles, con revoluciones sociales, no es posible lograrlo en el Congreso o en elecciones. Con esa táctica, llamamos a votar por Iván Cepeda, tanto en la consulta del Pacto Amplio, (si lo aceptan) donde muy probablemente saldrá elegido, como en la elección para la presidencia. Para las elecciones al congreso (Senado y Cámara de Representantes) llamamos a votar en blanco, por considerar que las listas del Pacto histórico, que son cerradas, tienen candidatos que son cuota de la burguesía, especialmente de la burguesía santista, la que representa Juan Manuel Santos. Comité Ejecutivo PST Post Views: 1.262