El gobierno de Abelardo de la Espriella es ilegítimo: ¡A continuar la lucha en las calles contra el regreso del autoritarismo!

Tras ratificar en los escrutinios los resultados de las elecciones del 21 de junio, el miércoles 24 de junio Iván Cepeda reconoció formalmente su derrota y aceptando el triunfo de Abelardo de la Espriella. De esta manera, Cepeda asume el rol de parlamentario jefe de la oposición, y Petro prepara el empalme con el nuevo gobierno. Por su parte, De la Espriella informa quiénes conformarán su gabinete y anuncia las primeras medidas, con lo cual, ya perfila un gobierno de los de siempre y entregado al imperialismo norteamericano, cómplice con el genocidio palestino.

Por: Comité Central – PST

¿Y el fraude?

El reconocimiento de Cepeda de su derrota y su llamado a la calma y al Acuerdo Nacional, son un balde de agua fría a las movilizaciones que desde el propio día de las elecciones tomaron las denuncias de fraude del propio Petro y la campaña del Pacto como bandera de lucha, expresando de fondo el rechazo al triunfo de la ultraderecha en las elecciones. Las múltiples denuncias de irregularidades como manipulación de formularios y las vulnerabilidades del software electoral, fueron rápidamente descartadas por la Registraduría en su afán por llegar al fin del escrutinio lo más pronto posible. Aquí y allá, algunos votos fueron sumados y restados a ambas campañas, mostrando unas elecciones aparentemente limpias.

Ante la realidad de una votación partida por la mitad, desde el petrismo persiste una especie de negacionismo desde el cual se resisten a creer que el avance de la ultraderecha es un fenómeno real, alimentado, por supuesto, por el poder de la burguesía misma, pero también por los propios errores del progresismo. Para muchos, el triunfo de la derecha es inexplicable desde la lógica reformista y su apego a la democracia burguesa, y por lo tanto, solo explicable como un gran fraude electoral. Las expectativas de Petro y de la campaña de Cepeda de revertir el estrecho margen de votos del preconteo fueron rápidamente disipadas por el resultado de los escrutinios.

Lo cierto es que el verdadero fraude ocurrió en toda la campaña, donde las viejas prácticas de la compra de votos, el clientelismo y el despliegue de la maquinaria de los viejos partidos burgueses tradicionales, se combinó con el constreñimiento descarado del voto por parte de empresarios y una campaña mediática que usó masivamente la mentira, la manipulación y la injerencia de gobiernos extranjeros a favor de la campaña de De la Espriella.

El “tigre” es un mercader de ilusiones, pero no es de papel

En su discurso triunfalista de la noche del 21 de junio, en medio del más grotesco espectáculo, el vacío programático lo llenó con un forzado discurso de unidad nacional, seguridad y respeto a las diferencias. Tras invocar su “Patria Milagro”, anunció que no habrá milagros; tras prometer gobernar para todos y reconocer la diferencia, anunció “morder más duro” a quien se oponga a sus planes; la promesa de gobernar sin los partidos, las élites y los políticos de siempre ha sido desmentida por los anuncios del gabinete de ministerios, en los que viejas figuras del uribismo, Cambio Radical, Partido Conservador, Partido Liberal y Partido de la U muestran el carácter antiobrero y antiderechos del nuevo-viejo gobierno. Los de “nunca” son los de siempre.

El “defensor de la Patria” ya muestra su verdadero carácter de lacayo al imperialismo norteamericano, anunciando la entusiasta sumisión de su gobierno a la doctrina de Trump de retomar el control del continente americano. Anunció la entrada de Colombia en el llamado “Escudo de las Américas”, legitimando la intervención militar imperialista, el control y deportación de inmigrantes. Pero, hasta ahora, el peor anuncio en el terreno internacional es el de la restitución de las relaciones diplomáticas con Israel desde el mismo 7 de agosto. Esto es el anuncio de respaldo incondicional al genocidio del pueblo palestino a manos del sionismo.

La derrota electoral del Pacto Histórico no es la derrota de la lucha de clases

Tras el triunfo de Abelardo de la Espriella, se abre un nuevo capítulo de la lucha de clases en Colombia, signada por una polarización política en la que el nuevo gobierno, fortalecido por la injerencia imperialista de Trump y por haberse unificado bajo las banderas de una nueva ultraderecha internacional, no la tendrá fácil para imponer su guerra económica, política y probablemente el recrudecimiento de la violencia contra la clase trabajadora y los sectores populares. Ahora enfrentará la verdadera lucha: la lucha de clases.

Es comprensible que millones que compartían la ilusión del triunfo de Cepeda y Quilcué y que comprendían el peligro que representa De la Espriella, sintieran la derrota electoral como un fuerte desengaño. Pero de la decepción hay que pasar a la comprensión y a la acción. Es fundamental entender que las propias elecciones son un fraude en sí mismas y que los cambios que necesitan la clase obrera y los sectores populares se dirimen en la lucha de clases y no en las urnas.

La alta votación por Cepeda y Aída Quilcué muestra un fenómeno muy progresivo: un voto con un contenido de clase. Analizando la distribución geográfica del voto, Cepeda triunfa en las regiones más empobrecidas del país, mientras que De La Espriella triunfa en la región andina, donde se concentra la riqueza. En las grandes ciudades, como Bogotá y Cali, Cepeda triunfa en las localidades con mayor concentración obrera y popular.

Igualmente, por fuera del aparato del Pacto Histórico y los partidos de gobierno, miles de activistas se volcaron a las calles y a las redes sociales para hacer una campaña sin un peso de por medio, mostrando una convicción militante que recuerda las jornadas de los paros nacionales del 2019 y 2021.

Desde la misma noche del domingo 31 de mayo, tras conocerse los resultados de la votación de primera vuelta, las calles volvieron a revivir momentos del Paro Nacional de 2021. En las avenidas y los barrios populares, nuevamente las movilizaciones retomaron las calles, para decirle NO a la amenaza autoritaria de Abelardo de la Espriella. Bajo la ilusión de revertir la ventaja de votos de la ultraderecha, la campaña de Cepeda recibió una bocanada de oxígeno de las masas militándole a derrotar a De La Espriella. Sectores importantes de intelectuales, artistas e influenciadores de redes sociales, advirtiendo la grave amenaza contra los derechos y libertades democráticas, políticas y económicas, se sumaron a esta campaña electoral.

Mientras tanto, desde la campaña de Cepeda, buscaron moderar el discurso y el programa para tratar de conquistar la votación de “centro”, tratando de ganar a sus candidatos. Varias de las más importantes exigencias fueron adoptadas por Cepeda, comprometiéndose a respetar el régimen político, desmontar las iniciativas de impulso de una Asamblea Constituyente y un mensaje de confianza y estabilidad para la burguesía. Sin embargo, figuras como Oviedo claramente le dieron la espalda, Fajardo y Jorge Robledo (antiguo MOIR) miraron para otro lado, mientras que Claudia López terminó impulsando la campaña de Cepeda en el último momento.

Tras los resultados, el discurso de Cepeda y del Pacto Histórico se ha mantenido en el terreno de “administrar” su votación hacia una oposición que le propone —a quien ha amenazado con morder y destripar— un Acuerdo Nacional y negociar la política del gobierno entrante. Nuevamente repiten el factor fundamental que ha frenado las conquistas desde hace cuatro años: colaborar con la clase capitalista y subordinar la movilización a la agenda parlamentaria.

Algunos recriminan los “errores” de la campaña de Cepeda en no hacer los suficientes esfuerzos en conquistar al “centro”, e incluso señalan como un error la candidatura a la vicepresidencia de la dirigente indígena Aída Quilcué. Al contrario, el error está en la lógica misma electoral. Ceder a los prejuicios y la vacilación de sectores de la clase media y la pequeña burguesía, y a las exigencias de los sectores de la burguesía que no están dispuestos al aventurerismo de De La Espriella, es ceder a prejuicios inaceptables como descalificar a Aída Quilcué y disipar toda sospecha de lucha contra el régimen antidemocrático. Nosotros, por el contrario, reivindicamos un gobierno de los de abajo, un gobierno obrero, indígena y popular, y acabar con el régimen autoritario que impide cualquier cambio a favor de las masas.

En Colombia ha sido larga la experiencia de lucha y resistencia contra el autoritarismo y la represión. Las masas y las organizaciones obreras y populares han tenido que enfrentar la represión y la violencia estatal y paramilitar. Hemos pasado por el Estatuto de Seguridad de Turbay, la violencia paramilitar y los gobiernos de Uribe. No nos vamos a doblegar ante un nuevo gobierno de derecha.

La experiencia de la historia da una dura lección

El triunfo electoral de la derecha, luego de un gobierno de la “izquierda”, no es algo nuevo, es el resultado que se ha dado en los países en que variantes del reformismo, progresismo o nacionalismos burgueses han gobernado en nombre de la izquierda. Presas de las contradicciones de gobernar con sectores burgueses y de la imposibilidad de lograr reformas importantes, y mantener amordazada a la clase obrera y sus organizaciones, han terminado poniendo en las manos de la ultraderecha el inevitable descontento de sectores de la población, especialmente la clase media y la pequeña burguesía, potenciados por sus prejuicios y aspiraciones de seguridad y estabilidad para lograr su reaccionaria ilusión del ascenso social.

En la historia del capitalismo, muchos de los triunfos de la derecha han sido precedidos por los errores, traiciones y contradicciones del reformismo en el poder. Así fue con el ascenso del fascismo, o para no ir muy lejos el avance de la ultraderecha en el continente, con el gobierno de Bolsonaro, y actualmente Milei en Argentina o Kast en Chile.

La derrota electoral de Iván Cepeda y Aída Quilcué es el resultado combinado de la habilidad de De la Espriella de montarse al carro del fenómeno de la ultraderecha internacional en ascenso (aupado por Trump), y del propio Petro, quien con su gobierno de coalición con sectores burgueses y su respeto a las reglas de la democracia burguesa y el capitalismo, no logró resolver los grandes problemas de la población, escondiendo y justificando todos los errores que fueron cobrados en esta campaña.

La verdadera lucha contra la derecha se debe dar en las calles

La verdadera lucha contra la amenaza de ultraderecha, comienza ahora, y se debe dar en las calles. La contrarrevolución ahora gobernará directamente, y no dudará en perseguir a los trabajadores y atropellar sus derechos. En el campo continuará apoyándose en sus nexos — que ha conseguido siendo el predilecto abogado de la mafia— con el paramilitarismo y el narcotráfico para derrotar la lucha de las víctimas de la violencia por recuperar sus tierras y lograr justicia. Desde el Estado continuarán usando su control directo para impedir y reprimir cualquier asomo de lucha contra el régimen. Esto significa que De la Espriella encarna un proyecto bonapartista, es decir, un régimen político autoritario que basado en la figura del presidente, lo erige como árbitro que se eleva por encima de las clases sociales, apoyándose directamente en la policía, el ejército y la burocracia, y en este caso seguramente también del paramilitarismo; para ello cuenta además con las instituciones del Estado colombiano intactas e incluso fortalecidas tras el gobierno de Petro.

Por eso el camino lo siguen mostrando las masas bolivianas, las luchas del sector de la educación en Chile y las luchas obreras en Argentina, contra los gobiernos de ultraderecha en el continente. Como lo demostró la lucha contra el fascismo en los años 30: con la ultraderecha no se discute, se le combate. Es cierto que esta perspectiva plantea grandes dificultades, como la inconsecuencia y traición de las direcciones pequeño burguesas y reformistas; si bien el triunfo no está garantizado, es el único camino.

Pero, para combatir a Abelardo, también hay que superar las barreras que el propio gobierno del Pacto Histórico le impone a las masas. Durante el gobierno Petro, las denuncias sobre posibles golpes “blandos” de la derecha contra el gobierno, lejos de organizar la resistencia a estas amenazas, sirvieron para desmovilizar a las masas.

Ahora, desde el Pacto Histórico y las organizaciones reformistas llaman a construir un gran frente amplio de oposición, pero sobre los parámetros de la colaboración de clases y la subordinación de la movilización al parlamentarismo y a las próximas elecciones regionales del 2028. Nuestra propuesta es opuesta, en lugar de frentes amplios con los de arriba o los sectores de los de arriba que rechazan al impredecible Abelardo; hagamos un gran frente de los de abajo, un gran frente obrero, campesino, indígena y popular.

Retomar el camino del paro nacional

Solo desde la organización y la lucha independiente, impulsando la más amplia unidad en la acción y lejos de las alianzas paralizantes del petrismo, se lograrán frenar las medidas del gobierno entrante, retomando el Paro Nacional.

El Pacto Histórico desde ya prepara su verdadera política, que es reorganizarse y esperar, “acumulando” con el supuesto objetivo de ganar las elecciones territoriales y desde alcaldías y gobernaciones enfrentar el plan de Abelardo. Pero si algo demuestran los 4 años de gobierno de Petro, la experiencia de 2019 y 2021, y las elecciones actuales, es que no es en las urnas donde se consiguen las transformaciones que necesitamos, y que sin lucha no hay victoria.

Desde las bases, e incluso desde reconocidos influencers, no se tardaron las críticas, calificando de traición, la inconsecuencia de denunciar un fraude masivo para luego salir a reconocer los resultados y proponerle acuerdos a nuestros enemigos declarados, denunciar el supuesto robo de las elecciones y al tiempo decirle a la gente que no se movilice. Ante esto, Cepeda se vio obligado a hacer una nueva alocución denunciando la ilegitimidad del gobierno electo de De la Espriella, sus nexos con el imperialismo y los indicios de sus actividades criminales; concordamos en la ilegitimidad de el nuevo gobierno. Pero luego de este discurso, termina concluyendo con un llamado a la “desobediencia civil pacífica”. Este llamado ha sido interpretado por sectores de juventud como un llamado a la lucha y la movilización; sin embargo, el concepto de desobediencia civil apela a la desobediencia individual inspirada en Mahatma Gandi apelando a la ética individual y la objeción de conciencia, y no a la acción colectiva de masas.

Contrario a la propuesta de la “desobediencia civil” o sea a la resistencia individual, lo que hoy se impone es la lucha organizada de masas por nuestros derechos y contra el imperialismo y la ultraderecha. Esta lucha organizada pasa por retomar el camino de las asambleas populares, el paro nacional y la huelga general, un plan de acción para resistir la arremetida antiderechos.

Pero más allá de la mera resistencia al plan del gobierno, la verdadera lucha sigue siendo la lucha contra el capitalismo y por un verdadero gobierno obrero y popular. Esta lucha tendrá que irremediablemente trascender al saliente gobierno de Petro, quien pese a su discurso reformista y a veces radical, no cambió el carácter burgués del gobierno, por su defensa del capitalismo y su política de concertación.

Un verdadero gobierno obrero y popular que derrote el régimen político y a la derecha será producto de una verdadera revolución, y esa es la tarea histórica de los trabajadores y el pueblo oprimido y explotado. Las actuales luchas espontáneas tras los resultados electorales deben avanzar hacia una centralización y organización más férrea que supere las limitaciones y debilidades, y tome las lecciones aprendidas del Paro Nacional de 2019 y 2021. Es necesario que desde las centrales sindicales y las organizaciones políticas y sociales que agrupan a la clase obrera, a los indígenas, campesinos, mujeres, población LGBTI y jóvenes, se convoque de manera independiente a un gran encuentro nacional de emergencia, para preparar y organizar la lucha contra el gobierno de la Espriella, definiendo un plan de acción colectivo.

A De La Espriella y sus secuaces, ni un día de tregua

A organizar esta lucha seguimos invitando desde el Partido Socialista de los Trabajadores.

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